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El arte de componer canciones: Entre la poesía y la grosería
  Por Mila Gayoso Manzur- Publicado e l03/02/2015 - La Nación

Diez años atrás, cuando las letras de las canciones aparecían cada vez más obscenas, mi abuela Rosa solía quejarse de tamaña falta de respeto hacia las mujeres (porque es el hombre el que normalmente las dice y canta, las mujeres solemos ser más sutiles, excepto algunas muchachas algo más atrevidas, tipo Gloria Trevi).
Me acordé de ella el sábado por la noche, durante el concierto de José Luis Perales, porque le gustaba que no dijera nada fuera de lugar. El cantante español salió al escenario con su pequeña pero gran humanidad y las mismas poesías que canta desde hace cuarenta años. Todo estaba intacto en su bagaje: la ternura de sus letras, la suavidad y cadencia de su voz, el mensaje de amor que no debería desaparecer jamás del universo.
Enfrente, a los costados y atrás, románticas y sensuales cincuentonas, sesentonas y veinteañeras de jeans ajustados, coreaban todos sus éxitos. Las nuevas, aquellas extraídas de “Calle Soledad”, se introdujeron por los sentidos por ser tan bellas como sus primeras inspiraciones. También había hombres en el auditorio repleto, acompañando a novias y esposas, y disfrutando de los temas más discretamente.
¿Perales es una isla en medio de un mar de temas groseros? Es uno de ellos, todavía hay cantautores que rescatan lo bello del amor y jamás pasarán al olvido ni dejarán de tener éxito. En estos días vienen varios a Paraguay, como Alejandro Fernández y José Luis Rodríguez. A pesar de que a mi abuela no le gustaba mucho El Puma por un par de canciones según ella demasiado explícitas, como aquella que dice: “Siento tu pecho agitado y tu vientre como el fuego…”.
No me acuerdo que si llegó a escuchar aquella ¿canción? que dice: “Hasta abajo papi, hasta abajo…” y otras de construcción parecida que los jóvenes bailan frenéticamente en las discos, balnearios y afines. Si las llegó a sintonizar alguna vez antes de partir, se habrá quejado en chino.
Muchos opinan que del sin fin de ofertas musicales, es el reggaeton el que posee la mayor cantidad de letras atrevidas y que insulta la verdadera sexualidad que se basa en lo sensual y no en lo vulgar. Pero hay a quienes les gusta y lo consumen. A mí particularmente me da vergüenza ajena ver a jovencitas bailando y coreando canciones que las denigra. ¿Qué opina usted?
Otros estilos como la salsa y la bachata tienen representantes que todavía honran la buena forma de hablar de los sentimientos como Juan Luis Guerra o Romeo Santos, que tiene de cabeza a buena cantidad de jovencitas.
Aunque me resulta insoportable la vocesita de Santos (“No hay un febrero que yo esté contento y envidio al que sea felizzzz ahhh”), prefiero las letras de sus canciones que otras horrorosas que suenan en las radios y hasta se dan el lujo de estar en los primeros lugares de las listas de los más escuchados. Cada uno con su gusto.
El universo continúa girando y todos los días hay artistas que le cantan al amor y a la vida, cada uno como mejor le sale. Por mi parte, elijo escuchar a aquellos que lo hacen con dulzura, dejando un mensaje enriquecedor, como mi amado Roberto Carlos. Aquellos que dicen barbaridades porque no tienen cosas mejores sobre qué escribir y cantar, no podrán contarme entre sus fanáticos.

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